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Comer en el estadio amerita mucha plata en los bolsillos

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“La pelota” como se refiere coloquialmente al beisbol en Venezuela, siempre ha sido un deporte popular. Entradas relativamente económicas disponibles, cerveza fría a bajo costo, balas frías de todos los tipos, es decir, un espectáculo que permite disfrutarse in situ con diversión garantizada, pierda o gane el equipo que se apoye.

Pero la pelota también da mucha hambre, consecuencia de la tensión, la alegría, las expectativas, el análisis del juego, la gritadera, en una combinación de frenesí deportivo que consume una increíble cantidad de calorías.

Sin embargo, al beisbol también lo alcanzó la crisis económica. De una temporada a la otra los precios superan por mucho la inflación. Por ejemplo, una arepa al final de la temporada 2014-2015 apenas llegaba los Bs.190, actualmente la más económica cuesta Bs.500, a lo que hay que sumarle que se come de pie y con escasas servilletas. Sigue leyendo

De Diego Rivera a los “food trucks”

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La segunda parte del primer día en México comenzó con una visita al centro histórico. Siento especial debilidad por el Zócalo, porque es el corazón de la ciudad más grande del mundo, tiene una energía contagiosa que mueve todas las células del cuerpo.

Al llegar me topé con un encuentro que organiza México con sus países amigos. Decenas de pabellones mostrando lo mejor de la cultura de cada nación. El venezolano tiene un lugar realmente bueno, imposible no verlo. Lo interesante y triste en este caso es la cara que mostramos de nuestra propia cultura, mientras que en otros países sus representantes lucen hermosos trajes típicos, nosotros utilizamos camisas rojas, folletos desfasados, artesanía hecha con goma, algunos adornos como una mascarita de un diablo de Yare, algunas hamacas de Tintorero. Seguro alguien se metió unos buenos reales por esta representación que es una verdadera vergüenza. Y pensar que hay tanta gente haciendo cosas extraordinarias en Venezuela. Me tuve que ir lo más rápido que pude, no quería que se me dañara el día. Sigue leyendo

Parrilla, hamburguesas, cervezas y beísbol

Cuando voy al estadio procuro un almuerzo ligero para comer sin tanta culpa y con mucho espacio disponible en mi estómago. Por lo general, llego caminando, entonces la cercanía al Universitario se va develando en etapas marcadas por los sentidos. Primero se intensifica la bulla, se escuchan pitos, cantos y gritos. Luego el olor inconfundible de la parrilla que señala inevitablemente el camino correcto, luego aparecen los tarantines de comida y ropa, donde venden todo lo que un fanático de cualquier equipo pueda necesitar, como franelas, camisas, gorras, bufandas, banderas, hasta llegar a la puerta. Además, se ven muchos hombres bellos en esos predios, todo un estímulo visual.

Mi costumbre es comer antes del juego, aunque ya sentada siempre se come y bebe, la emoción del playball estimula el apetito. Generalmente, me animo por una arepa, cuyo relleno decido frente al mostrador, después de mucho ir mis favoritas son las que está en el extremo norte, el último puesto, son la mejores. Pero en mi más reciente visita, me animé por una hamburguesa porque llevaba días pensando en eso, solo que Juanchi´s Grill se la pasa a reventar de gente y la espera puede ser un poco larga, pero esta vez iba con tiempo y decisión, y fue la mejor decisión que pude tomar.

Hay otras opciones muy buenas, shawarmas, perros calientes, pepitos, lo que si me sorprende es que no venden cachapas, o por lo menos yo no las he visto. También se puede apelar a los tequeños, pero esos los dejos para acompañar las cervezas durante el juego. Incluso hay un centro de postres de Mc Donalds, así que la oferta es variada, relativamente económica y en todos los casos bien sabrosa.

Contrario de lo que se pueda pensar, los expendios de comida en general son bastante aseados aunque siempre queda la duda de la procedencia del agua, pero ojos que no ven, estómago que no siente.

Lástima que la temporada ya está llegando a su fin, solo restan los juegos de la final (optimismo de Leona, que está ligando a que lleguemos). El estadio es el único lugar de Venezuela, donde la rivalidad se lleva sanamente, se mezclan las camisetas, se establecen alianzas efímeras con los compañeros de puestos cercanos a quien posiblemente no vuelvas ver en tu vida, hasta el himno nacional se canta con verdadera emoción y respeto. Sí la pelota une y divierte. Mientras tanto, mis debilidades gastronómicas se desatan en el estadio, sabores que almaceno en mi memoria y hasta en mi corazón, y evoco en ocasiones durante meses, hasta que en octubre se escucha el grito de playball.

Siempre cabe la duda que estos pinchos los elaboren con carne de perro, pero huelen muy bien y tienen buena pinta. Admito que tengo que envalentonarme un día y pedir una, que sirven en un platico de cartón: una cama de yuca hervida bañada con guasacaca y encima la carne, que puede ser de un solo tipo o mixta. Este puesto, llamado El Rincón LLanero es uno de los más grandes y “limpios”, pero hay varios expendios de parrilla, incluso unos pequeños en esos casos no me animo, puede ser un tema “suicida”.


La dinámica del puesto Juanchi´s Grill: pagas primero, te dan un papel con un número y una indicación que resulta ser la comanda. Luego el cocinero empieza a pedir los números en voz alta en lotes de doce y de una vez te pregunta alguna especificación (son los papeles blancos que se ven en la foto). Luego las hacen en serie: pan, carne (un trozo grande, gustoso y jugoso) , una lonja de queso amarillo tipo americano, cebolla carmelizada, papas fritas ralladas, una salsa blanca de procedencia desconocida parecida a la mayonesa, mostaza y salsa de tomate. Seguidamente, empiezan a gritar los número nuevamente y las entregan de una en una. Claro, en el interín puede pasar de todo, los cocineros cantan, bailan, bromean, pelean entre ellos y hasta con los comensales que se quejan. Si decide ir durante el juego puede que hagan un alto para ver, celebrar o quejarse de una jugada. Ayer, hasta tuve que esperar que apagaran un conato de incendio …. todo es posible, pero la espera vale la pena, de las mejores que me he comido últimamente. Incluso son tan populares, que durante el juego, uno ve como todo el tiempo hay alguién que llega a la tribuna con una en la mano.


Así se la pasa el puesto Juanchi´s Grill


Estos muchachos estaban gozando de lo lindo con sus hamburguesas


Elsa y yo con Alexander nuestro vendedor de cerveza, ya es pana. Si pasamos muchos juegos sin ir nos recibe con la frase “están perdidas”