Archivo de la categoría: limones en almíbar

Por el aroma yo lo sé … ¿qué le pasó a la calidad del café venezolano?

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“Ojalá que llueva café en el campo”, Juan Luis Guerra

Se ha preguntado por qué ahora la casa en las mañanas, no se inunda de ese maravilloso aroma del café recién colado como sucedía años atrás. Por qué el guayoyo ahora es más amargo sin importar cuánta azúcar le agregue para disimularlo. Por qué al abrir el frasco donde guarda el café molido huele a tierra.

¿Qué le pasó al café en Venezuela? ¿A dónde se fue su fragancia? ¿A dónde se fue ese magnífico sabor ligeramente ácido y achocolatado? ¿Por qué ha perdido calidad? Sigue leyendo

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Loncheras tormentosas

loncheras

La lonchera es un suplicio. Una silente forma de tortura para la tranquilidad mental y económica, de quien tiene bajo su responsabilidad la alimentación de un niño. Un ejercicio de imaginación que no acaba nunca, ni da tregua, que tiene enemigos acérrimos en las cantinas escolares donde reinan las fritangas y las chucherías.

Cómo competir con una brillante, regordeta, decadente y simpática empanada, cuyas curvas hacen salivar y estimulan el deseo en cualquier infante. Cómo negarse al guiño de una atractiva ración de papas fritas bañadas de salsa de tomate, o al llamado placentero de un sándwich que jamón y queso generoso en aderezos, sin contar arepas de rellenos chorreantes en grasas, guisos de colores brillantes que incluso resplandecen con la luz apagada. Sigue leyendo

La Táchira gastronómica de Leonor y Ramón

cocina tachira

“Coman y sigan con la parlenda
Parlenda: Diálogo tradicional, conversación”

El glosario del libro “Cocina Tachirense” evolucionó hasta convertirse en un diccionario. Creció en todos los sentidos, en palabras, en poesía, en belleza, en riqueza lingüística y en la complejidad de sus contenidos. Lamentablemente, no pudo escapar de la crisis económica y pasará mucho tiempo antes que encuentre asiento en tinta y papel.

Elaborado, concebido, evocado y escrito por Leonor Peña y el recientemente fallecido expresidente de Venezuela, Ramón J. Velásquez, el Diccionario Gastronómico del Táchira es simplemente un tesoro. Compuesto por 1165 palabras, 60 adagios y refranes, 36 frases, 33 adivinanzas, 12 coplas y versos, 12 cantos navideños, 4 arruyos y 3 canciones, todos asociados al acervo culinario de la región. Sigue leyendo

La diáspora de nuestra arepa

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Cifras extraoficiales estiman que hay más de un millón de venezolanos haciendo vida fuera de su país. Estadística que va en aumento, pero que tiene un perfil bastante definido, que increíblemente refleja la oferta gastronómica criolla que viaja por el planeta.

Mi papá, un italiano nacido en Ferrara, decía que había más compatriotas suyos fuera que dentro de Italia. La diáspora italiana internacionalizó su gastronomía, como ha pasado con chinos cantoneses, árabes, españoles, por solo citar algunos ejemplos. Las recetas y los sabores son parte de un equipaje preciado, porque es una manera directa, simple y poderosa de conectarnos con los que dejamos atrás.

De los venezolanos que han emigrado, estimaciones de Datanálisis -estudios de 2013 – afirman que se trata de profesionales entre 25 y 40 años, altamente calificados, que se concentran principalmente en Estados Unidos, España, Colombia y Canadá. Un dato importante, porque eso le ha dado el tono a nuestra oferta gastronómica y salvo los vecinos colombianos, el grueso de los restaurantes se asienta allí. Sigue leyendo

¡Abra su mente! El mundo es más que harina de maíz precocida

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El mundo no comienza y acaba con la harina de maíz precocida. Al ver las kilométricas colas para comprar Harina Pan, da la impresión que es nuestro único alimento, que nada el mundo la puede sustituir, que vale la pena dejar el alma en la espera, o peor aún, pagar por un puesto a quienes han hecho del “hacer cola” un medio de subsistencia.

Sin embargo, revisando otras fuentes de carbohidratos disponibles y sorprende que dentro de la escasez actual, se exhiba tal variedad. Bien decían los españoles cuando llegaron a nuestras tierras en el mil cuatrocientos y tantos, “que todo lo que comíamos crecía debajo de la tierra”, refiriéndose a ocumo, papas, ñame, mapuey, apio y yuca. A lo que hay que sumarle casabe, pan, pita, plátano, galletas, pasta, arroz, avena y otros cereales. Temo que nos volvimos miopes con nuestro propio menú.

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¿Por qué en Mérida sí comí bien?

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Me gusta comer bien, como a la mayoría de la gente. Disfruto ir a un restaurante y que la comida esté sabrosa, bien hecha, correctamente servida, me atiendan cortés y discretamente, que el lugar esté limpio y finalmente, que la cuenta sea coherente con la experiencia. Una fórmula que se aplica desde los carritos de perro calientes en la calle, hasta los establecimientos de mantel largo.

Sin lugar a dudas, Mérida es uno de las regiones de Venezuela donde mejor se come. Siempre es un gusto visitarla. Sorprende el buen trato, la educación, la ausencia de “mami”, “mi amor” o “mi corazón” en el lenguaje de personal responsable del servicio. Ciertamente, se trata de uno de los graneros del país, donde abundan vegetales frescos y la cría de animales de granja. Pero en contraparte, es un lugar prácticamente aislado, llegar hasta allá es una verdadera proeza, por no decir un suplicio. Al estar tan cerca de la frontera, sufre brutalmente la escasez, la inseguridad y la mala calidad de las vías. Sigue leyendo

Sin escondites en la mesa

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¿Nos mostramos en la mesa cómo lo que somos? Qué dice nuestra manera de sostener los cubiertos, los ruidos que generamos al masticar o sorber, si sabemos dónde colocar la servilleta de tela, la ubicación exacta de los codos en la mesa y hasta posición de los cubiertos sobre el plato al terminar. Pero los asuntos relacionados a la etiqueta expresan solo un matiz.

Llevo muchos años alimentado gente. En mi mesa se han sentado amigos, no-amigos, amigos de mis amigos, familiares, parejas, clientes, incluso algún desconocido. Basta observar con cuidado, para saber qué les gusta, más allá de su educación y de lo que se sirven en el plato. No cabe duda que alimentarse es un asunto fisiológico, pero cómo lo hacemos es un tema cultural.

El cocinero Francisco Abenante decía en una entrevista que su comensal ideal es “el aventurero, ese que se emociona con lo que viene, que está como expectante (…) una persona que se entregue, así, ciego, que me diga “lo que tú quieras””. Tiene toda la razón, es la descripción del comensal soñado, pero son escasos. Sin embargo, he descubierto en mucha gente la curiosidad, el deseo de  aprender, que inteligentemente siguiendo las instrucciones indicadas cultiva el paladar. Se ciñe al perfil de las personas que evolucionan y avanzan en la vida. Sigue leyendo