Ron Veroes huele y sabe a la mejor posibilidad

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Una invitación a conocer la Destilería San Javier donde nace el Ron Verores, formó parte de una travesía didáctica, enriquecedora (para el cuerpo y el alma), ilustrativa y muy placentera.  Más allá de los buenos anfitriones, hacía mucho que no escuchaba hablar de posibilidades, de planes, de sueños en un país donde parece que olvidamos eso. Para mi fue lo mejor del viaje, además del ron … ¡claro está!

La destilería está ubicada en la parroquia San Javier, del estado Yaracuy. Se trata una larga historia que comenzó en 1974 como una planta productora de melaza, hasta que en 2009 se conviertió en Destilería Veroes. Se trata de una planta relativamente pequeña – en comparación a otras – pero está perfectamente dispuesta. Como pasa en las destilerías de ron, el olor a caña, fruta fermentada y alcohol impregna todo el ambiente, tanto que se queda pegado en la nariz y en la ropa por horas.

La destilería cuenta con un personal aproximado de 50 personas (entre empleados y obreros), se producen 11 mil litros de alcohol a diario, una parte se transformará en ron y otra en alcoholes para la industria de alimentos. Por otra parte, las aguas residuales ricas en nutrientes, forman parte el programa Fertilriego que ha ayudado a la recuperación agrícola de la zona.

La melaza procede principalmente de Lara, Portuguesa y Yaracuy, luego se destila en Yaracuy y finalmente se envejece y embotella en Carúpano, estado Sucre. Es decir, el contenido de cada botella lleva un extenso kilometraje.  Hasta el momento, Veroes solo tiene una etiqueta, pero próximamente entrarán a competir en el segmeto de los rones premium y super premium.

Nos invitaron a la colocación de la primera piedra, de lo que será un centro cultural donde se apreciará la historia y proceso de elaboración de este destilado,  con salas de cata para el deleite de lugareños y visitantes de la zona. El proyecto contempla la construcción de bodegas de añejamiento y hasta una embotelladora. En un plan que a mi parecer les tomará alrededor de 15 años, pero que su dueño Leopoldo Molina, asegura con un “optimismo olímpico”, que no serán más de cinco.

Lo mejor del viaje, fue la inyección de optimismo, en un país donde todo el mundo sale huyendo, alguien te dice que construye, crece, sueña y se asienta. Me conmovió que tanto en la destilería, como en el Hotel de la Antigua Misión haya gente trabajando en la patria de las posibilidades.

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