Amsterdam de sol y Van Gogh

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Amsterdam es brillante y muy luminosa. Más allá del buen tiempo que sigue sobre nuestras cabezas, se relaciona con el espíritu de la ciudad. La gente es alegre, amable, en su mayoría comunicativa, diversa, se viste de manera colorida y coloreada, tanto que aún no comprendo el sentido del color de sus habitantes, que usan con desenfado las combinaciones más audaces que he visto en años, que van acompañadas de texturas, estilos, ocasiones de uso y un inequívoco toque de expresión individual. Sí, aquí el sentido de la moda es tan amplio como inexistente o vanguardista.


Hoy caminamos todo el día. A ratos hacía algo de frío, nada que un buen sueter no pudiese combatir. Otro asunto que ha ayudado es la fluida comunicación, aquí casi todo el mundo habla inglés y hace un esfuerzo genuino por hacerse entender.

Lo cierto, es ha sido un domingo inolvidable que comenzó con una visita al Museo Van Gogh, que visito por segunda vez después de treinta y tantos años. Impresiona la cantidad de gente haciendo cola para entrar, al igual que las salas abarrotadas, los pasillos congestionados y las escenas de siempre como los asiáticos tomandose fotos junto a las pinturas.

Sin embargo, termina siendo un recorrido emotivo, donde se muestra la vida de un artista extraordinario que me reveló aspectos que no conocía como su increíble faceta de dibujante e ilustrador, la evolución del uso del color en su obra y las influencias en su trabajo. Una vocación que tengo la impresión tardó en materializar, aunque sospecho que siempre supo que la tenía, hasta toparse con la locura y la adicción. Un genio con todas sus letras que vivió con austeridad y pobreza.

Sin embargo, tres cosas me molestaron como una piedra en el zapato. Primero, la terrible iluminación de las salas, oscuras, llenas de reflejos, en muchos casos dificultaba ver las obras. Luego, la señalización confunsa que contribuye al . Y por último, el excesivo mercadeo de la obra de un artista que fue todo lo contrario. Un cosa es la reproducción de una obra en una postal o un afiche y otra muy diferente en llaveros, camisas, borradores, lápices, abanicos, cartucheras, juegos de mesa …. ha sido llevado a límites que perturgan. Simplemente, una obra fraccionada e irrespetada por el propio lugar que le rinde homenaje.

La tarde fue un ejercicio de caminar sin rumbo: la plaza Dam, galerías, tiendas de diseño, librerías, hasta la inevitable visita al Barrio Rojo. Ámsterdam me encantó, tengo que regresar porque quedaron  muchos lugares y asuntos pendientes. Algunas historias sobre los 2 días en esta ciudad se irán colando en este blog.

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