Burdeos más allá de viñedos y vinos







Hay una referencia sobre Burdeos que la describe como una ciudad “à la taille humaine” (se puede traducir como “hecha a la medida del hombre”). Después de tres semanas maravillosas sumergida en los encantos de esta pequeña-gran ciudad del sudoeste francés estoy lista para apoyar esa definición. Al menos puedo decir que Burdeos está hecha a mi medida, es una ciudad en la que perfectamente podría vivir (y la verdad es que mi lista es corta, porque viajar y hacer turismo todo lo que sea, pero VI-VIR es otra cosa).

Burdeos es reconocida mundialmente por sus vinos y chateaux, por una tradición centenaria de viñedos y viticultores, por la clasificación de 1855 que marcó un “antes y un después” en la historia del vino francés y por el permanente debate entre tradición y modernidad que envuelve -como en Italia y España- todo lo relacionado con el vino, pero Burdeos es más. Mucho más.

Bañada por las aguas de La Garonne, su Puerto de la Luna fue clasificado en 2007 por la UNESCO como “Patrimonio de la Humanidad”, “por el conjunto urbano excepcional que representa”. Y más allá del Puerto de la Luna hay otras maravillas para descubrir. Destaca el hecho de ser una ciudad amigable para los ciclistas, rutas y una planificación super completa para recorrer “à velo” toda la ciudad e incluso salir hacia pueblos vecinos (siempre que la condición física lo permita). Hay incluso zonas destinadas para el estacionamiento exclusivo de las bicicletas, donde se pueden pasar todo el santo día (con su cadena de seguridad, eso sí) mientras uno da sus vueltas por “la ville”, caminando tranquilamente si así lo prefiere.

Debo decir que, a diferencia de mi primer viaje en abril cuando estaba todo más tranquilo, el centro de Burdeos este verano ha estado más que repleto de turistas. Holandeses, alemanes, británicos, asiáticos de varios países (especialmente Hong Kong) y, como no, españoles. Un vuelo interdiario “de bajo coste” de la compañia Easy Jet en la ruta Madrid-Burdeos (con una duración de apenas una hora y, según temporada, a partir de unos 60 euros ida y vuelta ) así como la proximidad del País Vasco, hacen de esta ciudad un destino atractivo como pocos para quienes vivimos en España.

En lo netamente turístico-comercial, Burdeos tiene (vaya sorpresa) la calle de tiendas más larga de Europa: la Rue de Sante Catherine. Además, en torno a la Place du Parlament han proliferado restaurantes “de menú” que por un precio único (que varía según la selección que se haga y va desde 13 hasta 25 euros) ofrecen una especie de “paquete” (primer y segundo plato + postre) a los turistas. También había muchos cafés y decenas de terrazas este verano, aunque con la “canicule” (ola de calor) la verdad agosto no estaba como para terracitas…

En todo caso, mi segundo encuentro con Burdeos si bien fue menos turístico, me acercó mucho más a la ciudad. El primero (el de abril) me descubrió la mezcla de vitalidad y clasicismo de Saint-Emillion, los encantos de la región de Medoc, me llevó a la Edad Media en Sarlat y me enamoró a primera vista de la misma Burdeos, su Place de la Bourse y su Miroir d’Eau al anochecer. Por eso decidí pasar mis vacaciones de verano allá, haciendo un curso intensivo de francés además de seguir cultivando mi gran fanatismo por los vinos y todo en torno a su producción, elaboración e historia.

Para mí, desde que vivía en Venezuela y con el ánimo alimentado especialmente por la afición compartida con las cofrades Jimena y Vanessa, el vino ha devenido progresivamente en mucho más que una bebida. Es una especie de experiencia divina y en Burdeos alcanza niveles aún más solemnes.

En agosto tuve la oportunidad de una clase de “Nociones elementales de cata” en la Escuela de Sommelier de Burdeos y un nuevo paseo a Médoc para visitar un nuevo chateaux. Puedo decir que entre los dos viajes tuve la oportunidad de acercarme a tres visiones totalmente distintas del “marketing” y la comercialización del vino en esta región. Desde lo más tradicional a lo más moderno y agresivo… Me quedo con lo primero.

Descubrir y sentir Burdeos ha sido una experienca maravillosa. Aunque es mundialmente conocida por sus vinos y viñedos, esta ciudad va más allá. El turismo se está diversificando y las playas cercanas de Arcachon y Lacanau, así como la Duna del Pylah (la más extensa de Europa), junto con los hermosísimos recorridos naturales que ofrece toda L’Aquitaine francesa hacen de ésta un destino turístico muy completo.

Burdeos es, en sí misma, una ciudad entrañable, para vivirla, sentirla, conocerla… Cada rincón guarda una historia y sorprende de repente con sitios y plazas maravillosas al final de las estrechas calles de los quartiers de La Victoire, Chartrons y Saint Pierre.. ADEMÁS es limpia, alegre, luminosa… y ADEMÁS… sí… están los vinos, el pan, el confit de canard y el foie gras… Vamos…yo podría vivir en Burdeos, claro que sí.

Texto de la periodista venezolana residenciada en Madrid, Soraly Resplandor. Una amante a toda prueba de la buena mesa y los placeres de la vida.



Fotos: Ileana Angulo Ascanio, fotógrafa y compañera de viaje

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