Aprender a comer es un asunto serio



En 1988 le dije a mi papá que quería estudiar Comunicación Social, a lo que respondió: “¿con qué se come eso?”. Premonitoria su interrogante, sin embargo, imagino su resistencia a mi solicitud si hubiese enfilado mi declaración hacia la cocina. Pero todo esto viene a colación porque desde entonces las cosas han cambiado una barbaridad, ahora estudiar cocina es una elección tan respetable como cualquier carrera universitaria, y mucho se podría escribir sobre las circunstancias que nos han traído hasta aquí.

Sin embargo, poco hemos avanzado en la educación sobre la buena mesa desde que somos niños, que comienza en casa, donde es una rareza que a alguien se le enseñe cómo utilizar correctamente los cubiertos, por solo mencionar un aspecto, pasando por los altos costos de los alimentos y la escasez de tiempo e interés de los progenitores en el día a día, que nos aleja de una alimentación variada, balanceada y en especial, libre de “chatarra”, término que me remueve los intestinos porque me parece un sacrilegio colocar los alimentos a nivel de la basura.

Ahí están los números, casi un tercio de la población mundial sufre problemas asociados a la alimentación, bien sea por exceso o por defecto. Cifra que según las proyecciones de la Organización Mundial de la Salud va en aumento y se estima que en menos de una década sobrepasará la mitad. Lo cierto que el combustible que hace funcionar nuestro cuerpo, sufre serios problemas de concepción y en parte, se debe a la altísima falta de información.

El famoso chef inglés Jamie Oliver, ha elaborado una serie de programas llamados Jamie School Dinners, donde revisa cuidadosamente la dieta en las escuelas británicas y sus relatos son devastadores, lo peor, es que la resistencia viene de todos lados: del sistema escolar que por un tema de comodidad y presupuesto, concesionarios de comedores, los padres y los malos hábitos de los muchachos, incapaces de abandonar una grasienta comida por alimentos saludables, bien preparados.

¿Por qué enseñar culinaria en las escuelas? Comemos por lo menos tres veces al día, todos los días, así que nos ubicamos frente a un tema neurálgico. Podría incluirse en los programas tal como sucede con matemáticas, historia, literatura y en el pensum escolar actual (por lo menos en Venezuela) es posible hacerlo. No se trata de formar cocineros, se trata de formar seres humanos con información precisa sobre la mejor manera de alimentarse, lo cual se reflejará indudablemente en su calidad de vida.

Cocinar no es solo picar y cocer. No. Va desde elaborar un menú, planificación, hacer la compra, correcto almacenamiento, hasta el hecho de afianzar nuestra identidad nacional a través de la culinaria. En el año 1993, Ferran Adrià expresó en el diario El País “Lo lógico, por tanto, es que alguien se preocupe de enseñar a los jóvenes a cocinar (…) Tendría que haber lugares donde se dieran nociones de cocina tan básicas como freír un huevo, hervir el arroz o preparar una ensalada. Es cierto que abundan los cursos de cocina, pero suelen ser de un nivel superior.(…) Al fin y al cabo, si aprendemos Educación física en la escuela, ¿por qué no a cocinar?, que también sirve para cuidar el físico. (…) Algún día habrá que dar el primer paso, pero empieza a ser urgente”.

Me emociona ver cómo año tras año, crece la oferta de cursos de cocina para niños durante las vacaciones, también que algunas escuelas con mayores posibilidades económicas incluyen cocina en sus programas (una lástima que esa información no llegue a todos los niveles). Hace un mes, participé en la evaluación de los alumnos de sexto grado del colegio La Concepción en Terrazas de Club Hípico, donde cada uno tenía que investigar una técnica de conservación de alimentos. Les aseguro que en la gran mayoría de los casos, funcionó como un medio para concebir los alimentos desde otro espacio, pero también de amalgama familiar que se hacía evidente en las fotografías, además de la presencia de una cantidad importante de padres apoyando a sus muchachos.

Esfuerzos aislados, importantes, pero insuficientes. Aquella máxima que con la comida no se juega, hoy tiene más importancia que nunca, porque no se limita a lanzarse trozos de pan o crema, tiene que ver con la salud, con la calidad de vida. Un buen comienzo es empezar a informarse, luego exigir en las escuelas que incluyan el tema en los programas, abrir espacios para comer en familia, dejar la flojera de lado y acabar con la idea de “comida para niños”, quienes son el mejor reflejo de los gustos y carencias alimenticias de los adultos que los rodean. Eso constituiría una enorme diferencia y abriría un camino que podría cambiarle a más de uno la vida.

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