Jamás olvidaré Japón



Jamás olvidaré Japón. No se trata sólo de que durante muchos años fue “mi destino siempre soñado”, sino que mi intuición me alertaba de que lo que vería, sentiría y comería allí; sería bastante diferente de cualquier otra vivencia, ciudad, emoción o paisaje que antes hubiera experimentado.

Mis expectativas –que efectivamente eran muy altas- se quedaron limitadas ante la imponencia y majestuosidad de la vida, historia y cultura japonesa. Tres semanas en Tokio, incluyendo breve visita a Kyoto, me mostraron algunos de los esenciales del vivir nipón.

Una de las primeras sorpresas percibida por mis ojos fue el color del cielo. Me encanta apreciar las diferentes tonalidades que el azul puede tomar, dependiendo de la latitud en la que te encuentres. Durante el verano japonés, en Tokio ese azul adquiría matices muy claros, integrando suaves líneas blancas y con la presencia de muy pocas nubes. Era un azul infinito, vasto, que me permitía recordar que Japón es una isla y que precisamente como consecuencia de esa específica condición geográfica se encuentran en su espacio aventuras, anécdotas y vivencias que sólo son posibles allí.

La alimentación es, sin duda, una de las dimensiones que mejor se refleja en esta armónica convivencia del japonés con su entorno natural. El Tsukiji Market * es una elocuente expresión de cómo se traduce a la vida cotidiana la relación de Japón con el inmenso espacio de mar que le rodea.

Comer Sushi en Japón es una experiencia cultural y sensorial llena de múltiples posibilidades. Así, resulta muy accesible acudir a los espacios estilo “sushi bar” donde el comensal puede seleccionar de la banda giratoria el plato de su preferencia o allí mismo, hablar con el chef –quien se encuentra trabajando justo detrás de ese espacio- para solicitarle alguna recomendación o especialidad.

En los sitios turísticos es común encontrar que el menú cuenta con fotos y traducción al inglés. Ahora, si se trata de estar en un área no tan común para el visitante, será imposible hacerse entender. Para estos casos lo resolvía solicitando a un local que escribiera en japonés las comidas de mi interés y con esto podíamos defendernos en los restaurantes “no aptos para turistas”. De esta forma se hacía posible estar aún más de cerca de la vida japonesa.

Así fue como, por ejemplo, conocimos un pequeño restaurante especializado en Hibachi que no es más que una olla rellena con carbón caliente y cubierta por una parrillera. Esta se coloca en la mesa para los comensales puedan asar a su gusto las carnes de su preferencia. Es una experiencia similar al fondue, aunque mucho más difícil de implementar.

Inicialmente el restaurante al que acudimos no quería atendernos por la barrera del idioma (no contaban con menú en inglés), sin embargo, cuando vieron los nombres de lo que buscábamos escritos en buen japonés, nos dieron la bienvenida. Estando ya en la mesa, el tema era más sencillo: Pedir una cerveza japonesa bien fría (Asahi o Kirin son las más recomendadas, aunque hay muchísimas otras opciones) para sofocar el calor, levantar nuestros vasos y simplemente decir Kampai!

*El Tsukiji representa el mayor mercado de pescados y mariscos del mundo, está ubicado en el área central de Tokio y se ha convertido en uno de los destinos turísticos más atractivos de la ciudad.

Texto y fotos: mi amiga y periodista Raquel Fernández. Actualmente residenciada en Ciudad de México, quien fue la primera persona a quien le pedí formalmente que escribiera en este espacio su experiencia en tierras niponas.

Raquel saludando a sus nuevos lectores desde Japón

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