Bodegas Palo Alto en busca de la mejor relación precio-valor


Viña Lourdes en pleno invierno


A la izquierda un Palo Alto, arbusto que nace en zonas hostiles, donde es casi un milagro que crezca algo, es espinoso motivo por el cual también se le conoce como Espino y se dice que donde crece un Palo Alto, es un buen lugar para sembrar vides porque tienen casi los mismos requerimientos para desarrollarse. Este arbusto inspiró el espigado árbol que forma parte del logo, que yo en mi fantasía, pensaba se erigía en las cumbres de las colinas como un árbol. Digamos que la versión del diseñador le favorece.

Primera vez que viajo a Chile. Me pasó como cuando uno ve un artista por televisión y luego al topartelo en persona, parece mucho mejor. Sí, es un país hermoso, se me hizo agua la boca al ver tanta limpieza, organización y progreso.

Invitada por Premium Brands visité las bodegas Palo Alto y Viña Maipo, ambas pertenecientes al grupo Concha y Toro, pero trabajan con cierta autonomía dentro del consorcio. El primer día visitamos la bodega Palo Alto ubicada en el valle del Maule, al sur de la ciudad de Santiago. De hecho, muy al sur, cuatro horas rodando en una autopista digna del primer mundo. Me encantó el camino, todo el tiempo acompañándonos la cordillera nevada de los Andes hacia el este, un paisaje donde no hay un centímetro de tierra sin aprovechar, lleno de viñedos, siembras de arboles frutales, todo tipo de industrias y ventas de cestas y frutas. Como en este momento es invierno en el sur, la vegetación está sin hojas, solo ramas secas y un cielo despejado de una limpieza casi sospechosa.

Viña Lourdes es uno de los tres viñedos que tiene Concha y Toro en la región, junto a Viña Mariposas y Villa Alegre. En el caso del primero, son kilómetros y kilómetros de vides que extienden hasta donde alcanza la vista, hasta que en el horizonte se divisan las cumbres nevadas, que en realidad no están tan cerca. Sin embargo, la bodega se muestra bien organizada y ordenada, cumple con todos los requisitos para elaborar y guardar el vino, pero están en construcción de algunas de sus instalaciones más relacionadas al ornato.

Hértor Urzúa, enólogo en jefe, nos guió en la visita, y explicó que están utilizando tecnología de punta para elaborar los vinos Palo Alto, los cuales son promocionados como vinos reserva, que requieren decantarse, afincándose en la relación precio-valor, que los ha hecho merecedores de algunos premios dentro y fuera de Chile.

Me sorprendió apreciar de primera mano, la concepción del mundo del vino en Chile, donde por muchos años se dedicaron a la producción de vino de mesa bastante económico, al punto que en el mercado internacional, se les hizo difícil subir los precios de sus caldos cuando quisieron vender vinos de un nivel superior, porque por muchos años la estrategia era otra.

Ahora los chilenos, empiezan a mirar hacia la importancia del terroir, tarea que a mi parecer apenas comienzan a explorar y que poco a poco da sus primeros resultados. No creo que aún se pueda hablar de terroir en este país, como se hace en otras regiones del planeta, pero ahí van. Tal vez esto explica por qué bodegas como Concha y Toro, le den licencia a bodegas “más pequeñas” (en verdad no lo son tanto) pertenecientes a su grupo, para tomar decisiones autónomas, experimentar, incluso jugar y explorar nuevas alternativas para producir vinos de mejor calidad que puedan ubicarse en otra banda, pero sin perder de vista la importancia de precios accesibles, que además le brinde al consumidor una versión amigable del mundo del vino.

Estos vinos me gustaron mucho, el tinto de Palo Alto ya se puede comprar en el país. Degustamos el blanco elaborado con 100% Sauvignon Blanc, el rosado principalmente compuesto por Shiraz y una pequeña parte de Merlot; y el tinto, una mezcla de Cabernet Sauvignon (cepa que se expresa muy bien en el Valle del Maule), Carmenere y Syrah. De los tres tipos, apreciamos la cosecha 2008 y 2009, aún sin embotellar y como están en pleno proceso de mezcla, me emocionó mucho tener acceso a un prototipo.


Héctor Urzúa, enólogo de Palo Alto.


Este rosado del 2009, me impresionó por su color brillante. Tenía la impresión que si apagaban la luz, brillaría en la oscuridad. Igual sucedió con el tinto de un color rubí “fosforecente”.


El grupo del viaje: Ives Briceño de la Revista Bienmesabe, mi encandora persona, María Fernanda Cadena de Premium Brands, Rosanna Di Turi de Todo en Domingo y Enmar Pérez de Estampas.

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