"Sembrar tomate margariteño es riesgoso y delicado"

Productor Gregorio Luna



Fruto con nombre y apellido: Tomate Margariteño o de Margarita. Irregulares, raros, desproporcionados, jugosos, ricos en pulpa y ligeramente ácidos. Un afortunado “error” de la naturaleza para deleitar el paladar.

La adaptación frenética de un vegetal a condiciones adversas, ha vuelto notable al tomate margariteño. Su encantadora desfiguración, expresada en contornos incompresibles e irregulares, unidos a un sabor refrescante, ligero y sorpresivamente perdurable en el paladar,  los ha tornado apreciados en la mesa.

Producirlo no es asunto sencillo, dada su increíble fragilidad, al punto, que la más pequeña complicación confronta  al más experto de los agricultores al fracaso. Lo que explica por qué se hace cuesta arriba conseguirlos, incluso en territorio insular.

 El ingeniero agrónomo Sergio Somov, explica que “la deformación del tomate obedece al exceso de calor y a la aridez, que se traducen en una polinización pobre e irregular, porque los lóculos de las flores no se desarrollan y se forman depresiones en el fruto que lo hacen único”.

El tomate margariteño se da con sus características de sabor y tamaño solo en la isla, caracterizada por días muy cálidos,  noches frescas y agua ligeramente salobre. “Si llevas las semillas a tierra firme, crecen parejos y pierden calidad. Los que se dan en la isla parecen que vienen aderezados con una vinagreta” afirma el especialista.

Al pie del Guayamurí
En el sector El Salado de Paraguachí, a las faldas del cerro Guayamurí,  rodeado de mangos, yucas y ajíes, se extiende el cultivo que desde hace más de veinte años, cuidado por Gregorio Rafael Luna. Nacido y criado en la isla no conoce otro oficio, su estampa y hablar lo delatan, al igual que su picardía. “El tomate es muy delicado, pero rentable. En un año bueno saco hasta cuatro cosechas”, afirma Luna.

Narra que siempre ha sembrado tomate, pero que con los visitantes llegó el verdadero interés, “me di cuenta que los buscaban por todas partes, desde entonces se lo vendo a los supermercados que vienen a buscarlos. En la Semana Santa pasada, como vinieron pocos turistas perdí casi 800 kilos”.

“Yo saco la cuenta así: si el 25 de abril empiezo con el semillero, a las pocas semanas los planto y ya para el 20 de julio, los tomates verdes empiezan a rayar. Ahí mismito maduran”, explica Luna sobre un ciclo completo que toma noventa días. Durante el proceso no escasean los enemigos a combatir, para Gregorio los pájaros son los peores, en especial los Cardenalitos, “esperan que rayen los tomates para comérselos. No los quiero”.

Productor Almerys Moya

En la Rinconada
Relativamente cerca de Paraguachí, en el sector de La Rinconada, Almerys Moya a primera vista siembra berenjenas, pero al fondo de la parcela, destina algunos surcos a las plantas de tomate.

Su producción es pequeña, aunque todo el año los cultiva, porque en sus propias palabras “siempre se venden bien y los buscan mucho”. El problema viene con los cambios en el clima, la plaga en especial hormigas y moscas blancas, algunos hongos y el hecho, que se hace difícil encontrar en el mercado, sustancias para combatir esos inconvenientes.

“Sembrar tomate margariteño es riesgoso y delicado. Exige mano de obra. Mientras pueda, no los dejaré de sembrar”, asegura Moya.

Señas:
•    Gregorio Luna / Fondo Guayamurí  0416 3990720
•    Almerys Moya / Parcela de Melo 0416 4956404

Flores de tomate margariteño

  Texto publicado en el especial de gastronomía de octubre 2011 en la revista Sala de Espera

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